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VEEDURIA CONSTITUYENTE

LA OPINIÓN PÚBLICA

Si consideramos que la opinión pública, admite tan solo criterios y conductas que pueden mostrarse en público sin temor al aislamiento; es este un mecanismo de control social, debido a que las personas adaptan sus comportamientos sobre lo que públicamente es aprobado o no, por tanto, cualquier actitud contraria conlleva a que inmediatamente el individuo pierda la simpatía de su entorno social. No obstante, ¿es justificable que aunque algo sea claramente incorrecto, nos mantengamos  callados si la opinión  pública se manifiesta en contra para evitar la marginación?, de tal manera que inconcientemente  un punto de vista domina  el escenario público y el otro desaparece de la conciencia colectiva. Aun sujeto público debe estar a tono con las expresiones de la mayoría, sin embargo, no por el miedo al rechazo deban atarse a ellas, cuando estás claramente no son éticas ni correctas. Un sujeto público debe actuar de acuerdo a sus valores, y evitar al máximo ir en contra de estos, pues si bien es cierto que es imperioso mantener buenas relaciones con todos, lo es también  actuar sin interferir con nuestras convicciones. La relación entre la política y la opinión pública es dominante y vinculante, constantemente se realiza una inspección sobre el sentir colectivo,  de tal suerte que somos conscientes de las opiniones políticamente correctas que van ganando terreno en la conciencia ciudadana, permitiendo al individuo adherirse a la opinión de las mayorías,  ¿pero que tan correcto es que los sujetos públicos deban ser tan sumisos a la opinión pública? De esta manera, si el sujeto público sabe que su razonamiento es parte de una opinión mayoritariamente aceptada, abiertamente  la expresará, pero si su criterio no forma parte de lo que la mayoría cree, se sentirá obligado a no emitir criterio alguno, por miedo a sentirse aislado. Para tener un vínculo más directo con la ciudadanía, un sujeto público está llamado no solo a unirse a la opinión formada y publicada por la mayoría, más bien debería liderar la formación de criterios que surjan, primero de una información completa y luego de  criterios vertidos por la misma ciudadanía, pero de una forma real y legítima. En una democracia moderna la vinculación entre los medios de comunicación y el poder político son conceptos invariablemente ligados entre si, pues no existe democracia sin una prensa libre. Los medios de comunicación como un actor político se introducen casi formalmente en el ámbito de las decisiones políticas,  y de alguna forma comparten roles importantes con los otros poderes públicos. Su función debe ser ejercida legítimamente,  sin embargo,  cuando no participan en circunstancias de libertad nos vemos abocados a un desequilibrio social. Mónica Banegas Cedillo.

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